Para poder iniciar esta reflexión sobre la censura literaria (y ordenar un poco mi remolino de ideas al respecto) me gustaría establecer algunas nociones sobre cómo se puede ver expresada ésta y las concepciones involucradas al momento de decidir prohibir determinadas obras o tópicos :
- Considerar a los niños como personas con menores aptitudes para enfrentar ciertos temas.
- Creer que ciertos relatos inculcarán lecciones erradas (o ideológicamente peligrosas).
- Limitar la oferta a libros que instalen los valores y comportamientos sociales considerados "adecuados".
Ya en el anterior post establecí
la base (gracias a Franz Rosell (1)) de que no debemos concebir al público
infantil como un limitante, si no como una entidad distinta a la adulta y por
ende lo importante no es de qué hablamos, es cómo lo
planteamos. El tratamiento.
Considerando eso nada debería
justificar una censura, tan sólo una selección literaria bajo criterios de
calidad y tratamiento, no de anulación. Por supuesto: nada justifica la
censura, pero la sociedad no ha tenido problemas inventando argumentos para
hacerlo. Y una de las razones es probablemente esta, bien lo dijo Marcela Carranza (2).
“La literatura y el
arte son inquietantes porque no nos permiten conformarnos con lo que ya creemos
que sabemos sobre el mundo”
La literatura despierta una visión crítica de lo que somos y
de lo que nos rodea. Y aunque debería ser considerado un valor, termina siendo
visto como un elemento de discordia que tambalea las bases de lo que debería ser una persona. Su
comportamiento, su visión, sus valores según la sociedad actual.
Temas “inadecuados”
Creo que una de las justificaciones
más usuales para censurar la literatura infantil es la errada concepción pedagógica
de concebirla como un mero vehículo para impartir valores
socialmente aprobados. La literatura es
un elemento educativo, pero debe serlo aportando al desarrollo del
pensamiento crítico y la imaginación, no aspirando a forjar mentes
homogéneas.
Hace unos días vi esta noticia,
del autor de la novela recientemente llevada al cine “Bajo la misma estrella”,
la cual narra la historia de dos adolescentes con cáncer que se enamoran. El
relato fue censurado en algunas escuelas de California tras apoderados y
profesores decidir que un relato que hablaba de muerte y hacía mención sobre
sexo (sólo mención ya que el libro no contiene ningún contenido explícito) no
era apto para niños de 11- 13 años.
No voy a establecer si la obra en
cuestión es o no una contribución para el desarrollo infantil, pero esta
clase de noticias no deja de sorprenderme, porque la justificación parental es
que el libro “no es apropiado”… no hablamos de calidad literaria o falta de
ella para argumentar. Sencillamente se establece que hablar de dos adolescentes con
cáncer, que hablar de muerte no es
apropiado para los menores. Y vuelvo a mi primer punto en este post: la
censura por ver a los niños como seres menos capacitados para enfrentar temas que deberían ser tratados con normalidad ¿De que protegemos a los menores prohibiendo una concepción tan básica como es la idea de la muerte?
Valores sociales
Recuerdo cuando leí Harry Potter porque fue la primera saga
que me atrapó por completo y porque tenía la misma edad de Harry (11 años) y anhelaba que
llegara una lechuza mensajera con mi carta de ingreso a Hogwarts (soñar no cuesta
nada). Pero también recuerdo el revuelo que se generó con su difusión, aunque
me costaba comprenderlo.
¿En verdad el niño
mago era una apología a la hechicería? … Varios lo creyeron y la novela fue prohibida en algunas escuelas y fanáticos religiosos reclamaron por sus supuestos vínculos con el ocultismo y el mismo demonio.
Esto me hace pensar que, pese a que con los años la fantasía
en la literatura fue reivindicada e incluso la imaginación fue asignada como un
valor (3), las consideraciones sociales (en este caso religiosas) y morales
siguen presionando para establecer límites que incluso pueden parecer absurdos.
Lo que más lamento no es que mantuvieran cautivas las aventuras de Harry en
algunos lugares, sino a que se pasase a llevar la libertad como lectores de los
niños, quienes están absolutamente supeditados a un tercero que apruebe su
lectura, por ende se les entrega una literatura reducida a lo “políticamente
correcto”.
Por supuesto, el niño mago no ha sido el único en este recorte literario: Roald Dahl con sus extraños y fantasiosos relatos, tuvo obras que fueron vetadas como "Charlie y la fábrica de chocolates", criticada públicamente por ser considerada por algunos escritores como un escaso aporte para sus lectores y por tanto fomentar una visión pobre de la vida.
Alicia en el país de las maravillas, Tom Sawyer, Huckleberry Finn, el negrito Sambo, fueron parte de los muchos títulos que no escaparon de las críticas y la censura por los más diversos motivos. Ni siquiera el desaparecido Wally del libro de juegos se libró de ser prohibido en algunos sectores (todo por una diminuta señora en topless que se coló en una de sus aventuras).
Alicia en el país de las maravillas, Tom Sawyer, Huckleberry Finn, el negrito Sambo, fueron parte de los muchos títulos que no escaparon de las críticas y la censura por los más diversos motivos. Ni siquiera el desaparecido Wally del libro de juegos se libró de ser prohibido en algunos sectores (todo por una diminuta señora en topless que se coló en una de sus aventuras).
¿Cuál es el problema?
Pero bueno, tras establecer que efectivamente se censura la
literatura infantil - muchas veces por una noción limitada de la comprensión
infantil y otras tantas por valores sociales – queda la pregunta… ¿Qué hay de
malo en esto? ¿No estarán mejor los niños sin la hechicería de Harry Potter o
las fantasías de Lewis Carroll?
¡Pues claro que no! Ya en las entradas anteriores plantee la
importancia de la literatura para los niños como un conocimiento insustituible al
conocer y explicar el mundo de una manera particular que ningún otro medio
otorga (4) entonces, si ya estamos claros que los relatos son importantes e
irremplazables ¿Por qué habríamos de otorgar a los niños una literatura a
medias?
Es bueno establecer principios de selección al decidir que
recomendar a un niño, tanto en calidad de lenguaje como en atractivo narrativo,
lo cual no es homologable a prohibir un determinado texto por consideraciones
externas (ideológicas, religiosas, políticas).
Poner barreras a ese universo infinito que es la literatura no es justo ni para autores ni para los lectores, lo único que nos corresponde hacer como intermediarios entre niños y libros es ser guía para conducir a los niños a aquellas obras más idóneas que logren despertar su interés por los mundos literarios.
Poner barreras a ese universo infinito que es la literatura no es justo ni para autores ni para los lectores, lo único que nos corresponde hacer como intermediarios entre niños y libros es ser guía para conducir a los niños a aquellas obras más idóneas que logren despertar su interés por los mundos literarios.
Francisca Tapia A.
Notas
(1) Franz Rosell, Joel.
“¿Qué es la literatura? Un poco de leña al fuego”
(2) Carranza, Marcela. Columna “¿Por qué la literatura es
también para los niños?
(3) Colomer, Teresa. “Introducción a la literatura infantil
y juvenil”.
(4) Bodoc, Liliana. Literatura como discurso artístico.
Actas de CILELIJ, Vol. 2. (págs. 244-246)



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