domingo, 14 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre la actividad de animación lectora

Debo iniciar esta entrada confesando: nunca había hecho esto antes. 
No tengo
primos/hermanos/sobrinos/etc pequeños. Así es que no, nunca había leído a niños (salvo una pequeña excepción en la U. Pero no era como esto, y estaba acompañada). Fue mi “debut” en solitario en la animación lectora. Y como todo debut llegó con muchos temores, pero dejando también hartos aprendizajes a su paso.

Para el trabajo práctico de animación hablé con la coordinadora de los cursos menores de un colegio para contarle mis “intenciones” con esta actividad y como le pareció muy bien me pidió que le leyera no a uno, sino a dos cursos: un kínder y un pre kínder. Hablé con las “tías” y acordamos cuando iría.

Ese día

Primero era el kínder. La tía me dio paso y al sacar el libro ("El misterioso caso del oso", de Oliver Jeffers): ¡Sorpresa!, los niños ya lo habían leído... No estaba preparada para eso, pero creo que me sirvió bastante como experiencia. La actividad fue bien conversada, algo desordenada, pero también bastante colaborativa (les pedí que me ayudaran con la obra, ya que ellos la conocían y yo no).

El pre kínder fue más organizado, un poquito más tranquilo y (¡afortunadamente!) no conocían la obra. En torno a esta experiencia hice mi trabajo para el diplomado y para ello responderé  a las siguientes preguntas…

¿La planificación cumplió tus expectativas al momento de realizar la actividad?
Mis expectativas eran que los niños lo pasaran bien. Que tuvieran un momento entretenido y que se involucraran con la obra. En ese sentido creo que se cumplió en parte. Los niños se vieron muy atentos y participativos con la historia, así es que fue una instancia grata. Aún así, sé que podría haber sido mejor: más interactivo y generando aún más expectación entre ellos. Incluso incluyendo más elementos para darle más vida a la narración, y posterior a ella haber generado más temas para la conversación.

¿Qué conocimientos previos ayudaron a la realización de la actividad?
Ayudaron las bases teóricas con consejos para mejorar la actividad: poner ojo en la entonación y claridad, en la exhibición de las imágenes (que todos pudieran hacer esta lectura gráfica) y dar pie siempre que se pueda a la interacción con los niños. También el visionado de algunas animaciones lectoras ayudó bastante para hacerse una idea del desarrollo práctico de la animación y la participación de los niños.

¿Qué aprendizajes obtienes luego de planificar y poner en práctica?

Creo que lo principal es conocer a los niños. En la planificación uno aplica la teoría para hacer algo que responda a nuestros objetivos como mediadores: seleccionar la obra adecuada, el lugar, el grupo de niños, los elementos, etc. Todo con la intención de alcanzar ciertos ideales, vinculados a lograr un acercamiento con la literatura. En la práctica vemos realmente si se cumplen nuestras expectativas, y con ello aprendemos de los niños: sus intereses, sus reacciones, sus gustos. Lo cual nos ayudará a saber que hicimos mal, que hicimos bien, que nos faltó considerar, que dificultades o facilidades encontramos, y a partir de ello poder trabajar en ser mejores mediadores.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La censura en la literatura infantil

Para poder iniciar esta reflexión sobre la censura literaria (y ordenar un poco mi remolino de ideas al respecto) me gustaría establecer algunas nociones sobre cómo se puede ver expresada ésta y las concepciones involucradas al momento de decidir prohibir determinadas obras o tópicos :

  • Considerar a los niños como personas con menores aptitudes para enfrentar ciertos temas.
  • Creer que ciertos relatos inculcarán lecciones erradas (o ideológicamente peligrosas).
  • Limitar la oferta a libros que instalen los valores y comportamientos sociales considerados "adecuados".

Ya en el anterior post establecí la base (gracias a Franz Rosell (1)) de que no debemos concebir al público infantil como un limitante, si no como una entidad distinta a la adulta y por ende lo importante no es de qué hablamos, es cómo lo planteamos. El tratamiento.

Considerando eso nada debería justificar una censura, tan sólo una selección literaria bajo criterios de calidad y tratamiento, no de anulación. Por supuesto: nada justifica la censura, pero la sociedad no ha tenido problemas inventando argumentos para hacerlo. Y una de las razones es probablemente esta, bien lo dijo Marcela Carranza (2).

“La literatura y el arte son inquietantes porque no nos permiten conformarnos con lo que ya creemos que sabemos sobre el mundo”


La literatura despierta una visión crítica de lo que somos y de lo que nos rodea. Y aunque debería ser considerado un valor, termina siendo visto como un elemento de discordia que tambalea las bases de lo que debería ser una persona. Su comportamiento, su visión, sus valores según la sociedad actual. 

Temas “inadecuados”

Creo que una de las justificaciones más usuales para censurar la literatura infantil es la errada concepción pedagógica de concebirla como un mero vehículo para impartir valores socialmente aprobados. La literatura es un elemento educativo, pero debe serlo aportando al desarrollo del pensamiento crítico y la imaginación, no aspirando a forjar mentes homogéneas.

Hace unos días vi esta noticia, del autor de la novela recientemente llevada al cine “Bajo la misma estrella”, la cual narra la historia de dos adolescentes con cáncer que se enamoran. El relato fue censurado en algunas escuelas de California tras apoderados y profesores decidir que un relato que hablaba de muerte y hacía mención sobre sexo (sólo mención ya que el libro no contiene ningún contenido explícito) no era apto para niños de 11- 13 años.

No voy a establecer si la obra en cuestión es o no una contribución para el desarrollo infantil, pero esta clase de noticias no deja de sorprenderme, porque la justificación parental es que el libro “no es apropiado”… no hablamos de calidad literaria o falta de ella para argumentar. Sencillamente se establece que hablar de dos adolescentes con cáncer, que hablar de muerte no es apropiado para los menores. Y vuelvo a mi primer punto en este post: la censura por ver a los niños como seres menos capacitados para enfrentar temas que deberían ser tratados con normalidad ¿De que protegemos a los menores prohibiendo una concepción tan básica como es la idea de la muerte?

Valores sociales

Recuerdo cuando leí Harry Potter porque fue la primera saga que me atrapó por completo y porque tenía la misma edad de Harry (11 años) y anhelaba que llegara una lechuza mensajera con mi carta de ingreso a Hogwarts (soñar no cuesta nada). Pero también recuerdo el revuelo que se generó con su difusión, aunque me costaba comprenderlo.

¿En verdad el niño mago era una apología a la hechicería? … Varios lo creyeron y la novela fue prohibida en algunas escuelas y fanáticos religiosos reclamaron por sus supuestos vínculos con el ocultismo y el mismo demonio.

Esto me hace pensar que, pese a que con los años la fantasía en la literatura fue reivindicada e incluso la imaginación fue asignada como un valor (3), las consideraciones sociales (en este caso religiosas) y morales siguen presionando para establecer límites que incluso pueden parecer absurdos.

Lo que más lamento no es que mantuvieran cautivas las aventuras de Harry en algunos lugares, sino a que se pasase a llevar la libertad como lectores de los niños, quienes están absolutamente supeditados a un tercero que apruebe su lectura, por ende se les entrega una literatura reducida a lo “políticamente correcto”.

Por supuesto, el niño mago no ha sido el único en este recorte literario: Roald Dahl con sus extraños y fantasiosos relatos, tuvo obras que fueron vetadas como "Charlie y la fábrica de chocolates", criticada públicamente por ser considerada por algunos escritores como un escaso aporte para sus lectores y por tanto fomentar una visión pobre de la vida.

Alicia en el país de las maravillas, Tom Sawyer, Huckleberry Finn, el negrito Sambo, fueron parte de los muchos títulos que no escaparon de las críticas y la censura por los más diversos motivos. Ni siquiera el desaparecido Wally del libro de juegos se libró de ser prohibido en algunos sectores (todo por una diminuta señora en topless que se coló en una de sus aventuras).

¿Cuál es el problema?

Pero bueno, tras establecer que efectivamente se censura la literatura infantil - muchas veces por una noción limitada de la comprensión infantil y otras tantas por valores sociales – queda la pregunta… ¿Qué hay de malo en esto? ¿No estarán mejor los niños sin la hechicería de Harry Potter o las fantasías de Lewis Carroll?

¡Pues claro que no! Ya en las entradas anteriores plantee la importancia de la literatura para los niños como un conocimiento insustituible al conocer y explicar el mundo de una manera particular que ningún otro medio otorga (4) entonces, si ya estamos claros que los relatos son importantes e irremplazables ¿Por qué habríamos de otorgar a los niños una literatura a medias?

Es bueno establecer principios de selección al decidir que recomendar a un niño, tanto en calidad de lenguaje como en atractivo narrativo, lo cual no es homologable a prohibir un determinado texto por consideraciones externas (ideológicas, religiosas, políticas).

Poner barreras a ese universo infinito que es la literatura no es justo ni para autores ni para los lectores, lo único que nos corresponde hacer como intermediarios entre niños y libros es ser guía para conducir a los niños a aquellas obras más idóneas que logren despertar su interés por los mundos literarios.


Francisca Tapia A.



Notas

(1) Franz Rosell, Joel.  “¿Qué es la literatura? Un poco de leña al fuego”
(2) Carranza, Marcela. Columna “¿Por qué la literatura es también para los niños?
(3) Colomer, Teresa. “Introducción a la literatura infantil y juvenil”.
(4) Bodoc, Liliana. Literatura como discurso artístico. Actas de CILELIJ, Vol. 2. (págs. 244-246)


lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Qué es la literatura infantil? (un análisis más informado)

Tras haber reflexionado en torno a esta interrogante desde la intuición, doy un pequeño salto por los contenidos del diplomado para volver a responderla (ahora de una manera más estudiada).

¿Qué es la literatura infantil?

Antes de empezar a detallar algunos aspectos del material estudiado que me ayudaron a complementar mi primera reflexión quisiera considerar algo dicho por la académica Gemma Lluch ante la interrogante sobre la literatura infantil y juvenil (LIJ).

Ella sostiene que la LIJ "es un término que sobre todo tiene un interés editorial y comercial, porque básicamente hay cantidad de libros que cualquier niño y joven puede leer".

Me parece importante la aseveración porque nos permite partir de la base de que el mundo literario al fin y al cabo es uno, sencillamente algunos textos son "pensados o comercializados" en torno a un público en específico.

Y menciono esto porque me da pie a un segundo argumento que me ayudó a ir alimentando mis reflexiones sobre la LIJ: lo que diferencia a la literatura infantil de la de consumo adulto “no es la temática –ya se ha dicho suficientemente– (…) es el tratamiento.” (esto lo dijo Joel Franz Rosell).

En el texto de Rosell el autor considera un aspecto que me pareció muy acertado: al hablar sobre la literatura infantil debemos partir desde la base de que no estamos limitados.

“Son rasgos del niño la experiencia escasa, la maleabilidad de conceptos, la permeabilidad de límites entre realidad y fantasía, y entre presente, pasado y futuro, la ignorancia de las reglas de la gramática, la etimología o la redacción,  y la falta de prejuicios, desconfianzas y suspicacias”.

Estamos ante personas mucho más receptivas y con características propias, distintas a las de un adulto, dado que enfrentan desde otra óptica el mundo.

En mi anterior entrada en este blog yo precisé que la literatura para el público infantil empleaba “un lenguaje, una extensión y una temática algo más amigable que las obras adultas”, y creo que esa afirmación queda mucho más precisada si consideramos lo que sostiene Rosell: más que de qué hablamos, es cómo lo planteamos. La clave es el tratamiento de los contenidos.


Un conocimiento insustituible

Otro de los argumentos que me ayudó a completar mi panorama de qué es la literatura infantil fueron las consideraciones de Liliana Bodoc al hablar de la relevancia del pensamiento poético en niños y jóvenes. Creo que esto me ayuda a aterrizar mi primera reflexión en este blog, más intuitiva, en la cual divagaba respecto a cómo la literatura amplió no sólo mis conocimientos, sino mi imaginación y mi manera de ver la vida...

Liliana Bodoc explica "el arte en general y la literatura en particular 'conoce' y explica la realidad de un modo particular y, como tal, insustituible". Me parece que esa es la palabra clave y categórica: es un conocimiento insustituible.

"Un conocimiento que de ningún otro modo podríamos adquirir. Y sin el cual crecemos con desventajas emocionales, con limitaciones sensitivas. El arte ejercita, como ninguna cosa, la emoción, la imaginación, la intuición, la capacidad de perdonar y de soñar".

De esta manera podemos establecer que lo que entrega el mundo de la literatura a niños y jóvenes no es sólo algo que amplía determinadas habilidades o sensibilidades, sino que las otorga. 


Concluyendo

La literatura infantil es al fin y al cabo un término que nos ayuda a agrupar aquellos textos pensados y/o comercializados al público más joven. Su diferencia con la literatura adulta recae esencialmente en el tratamiento de los contenidos, ya que los niños suelen ser un público menos suspicaz dada su escasa experiencia, por ende sus características deben considerarse como las de un público nuevo, sin verse como una limitación su distinta óptica del mundo. Además, es importante recalcar que esta clase de obras, dirigidas a los niños, juegan un rol esencial en la formación de la persona, siendo clave en cuanto al desarrollo de su imaginación y sensibilidad.

En consideración a esta relevancia de la literatura en la formación de niños y jóvenes creo que es importante el rol del mediador que puede acercar este elemento a dicho público. Me parece que muchas veces se olvida que más allá de los elementos formativos (gramaticales, morales, educacionales) que puede otorgar que un niño lea está la importancia de la literatura como un conocimiento trascendente para el desarrollo humano.

Como mediadores no podemos olvidar argumentos tan asertivos como los de Liliana Bodoc: la literatura conoce y explica la realidad de una manera particular, que es por tanto insustituible. La literatura moviliza nuestra mente, nuestra imaginación por otros senderos, nos pone en otras situaciones, lugares, dilemas... La literatura es al fin y al cabo un modo de conocimiento esencial para nuestra formación como personas, que afecta nuestra manera de ver y enfrentar la vida.







Francisca Tapia A..-




lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Qué es la literatura infantil?


La primera vez que pasé unas vacaciones sin mis papás tenía cuatro años. Mi abuela tuvo que recibir en su casa a una niña que no paraba de llorar por su mamá, así es que para distraerme su mejor solución fue buscar un libro. Me compró una edición ilustrada de “A Margarita” de Rubén Darío, y de tanto escucharlo en la voz de mi abuela lo memoricé; eso sí necesitaba ver las ilustraciones del libro mientras lo recitaba por teléfono a mis padres. Supongo que fue mi primer acercamiento con la literatura, antes de aprender a leer.

Creo que la literatura infantil comienza a calar así: cómo una pequeña ventana a algo nuevo que despierta nuestra curiosidad. Mi abuela recitaba tan bien “A Margarita” (y adaptaba algunas partes diciendo “a Francisquita”) que era imposible no sentirse atraído a ese mundo que encerraban las letras, un mundo que cuando eres niño estás más dispuesto a conocer que cuando te transformas en un adulto que ha decidido levantar la muralla de “no me gusta leer”.

Dumbledore. Creo que en la
imaginación de todo niño debe
haber algún mago. 
¿Qué es la literatura infantil? Aquellos relatos creados con el objetivo de captar a los pequeños lectores a través de formatos que acogen un lenguaje, una extensión y una temática algo más amigable que las obras adultas. La literatura infantil es en cierta medida la puerta de entrada a una infinidad de posibilidades de nuevos descubrimientos a través de la lectura, y –creo que no exagero al afirmar- es un producto clave que incidirá en quién serás: formará en la mente joven los primeros sueños, expectativas e interrogantes respecto a la vida que querrás construir.

Yo no sería la misma persona si no amase tanto los libros, he dicho más de una vez. Y no es solamente que mi pieza tendría harto espacio libre (que sí, vaya que lo tendría sin tantas repisas y libros apilados) o que sabría menos palabras y menos datos curiosos/históricos/etc (que también sería el caso). Si no que sencillamente no pensaría igual, no soñaría lo mismo y no me plantearía muchas situaciones de la misma manera que lo hago. Y no, no es que crea que leer te hará ser mejor persona -leer no tiene que ver con la calidad humana- es sencillamente que cuando una persona me dice, con absoluta naturalidad, que no lee (nada de nada!) siento que se está perdiendo de tanto... Lamento profundamente todas las aventuras que no disfrutará y todos los personajes que no conocerá. Es como si ofrecieran boletos gratis para incontables excitantes destinos y dijeras “no gracias, prefiero quedarme sentado acá, mirando el piso”.

Como mediadora... 

... creo que sobre todo he sido una entusiasta lectora. Me alegra recordar que convencí numerosas veces a mis amigas en el colegio de leer otras novelas. Y de paso me transformé en algo así como una biblioteca privada. Les contaba las historias que leía (menos el final, por supuesto) y ya cuando quedaban convencidas, les prestaba el libro. ¡Me encanta cuando un buen relato logra llegar a más ojos lectores!

A mi padre también lo convencí en ocasiones. Algunos viajes juntos los pasaba contando novelas enteras y si le gustaban luego se las prestaba. Aunque él dice que a veces se entretenía más escuchando que luego leyendo las obras. Me regaló “La contadora de películas” de Hernán Rivera Letelier en alusión a eso (por los libros... no soy muy buena siquiera recordando películas).

No sé si seré una gran mediadora, pero al menos intento compartir mi interés y amor por los relatos… y mis libros (sólo a quién firme un compromiso notariado de cuidarlo y devolverlo, claro).

Concluyendo

Me parece que la literatura infantil es el comienzo de lo que puede ser una maravillosa relación que amplía nuestro mundo a incontables universos. Para mí fue de la mano de Harry Potter, de Bilbo Bolsón, de Susy y Paul, de… vaya, no, no terminaría nunca. Pero a todos ellos: estoy absolutamente feliz de haberlos conocido en esta vida. Partiendo con “A Margarita” en la voz de mi abuela.


Francisca Tapia A. -
"Para viajar no hay mejor nave que un libro", Emily Dickinson.


*Les dejo "A Margarita" (Aunque lamentablemente no tenga las bellas ilustraciones de mi libro!)